¿el fin de las Guerrilla Girls?

"En 1985, un pequeño grupo de mujeres artistas reparó en un detalle: la última exhibición de arte contemporáneo del MOMA contaba con 65 artistas, de los cuales sólo 17 eran mujeres. Decepcionadas y enfurecidas, decidieron organizar una protesta, pero no de la manera habitual. Sus objetivos eran concretos pero contradictorios; querían hacer algo grande, que despertara la atención de los medios pero sin parecer feministas histéricas ni arriesgarse a sufrir represalias en el circuito del arte profesional. Al final escondieron sus identidades bajo seudónimos de grandes mujeres de la historia del arte y la literatura, cubrieron sus caras con enormes máscaras de gorila y montaron la primera exhibición, The Night the Palladium Apologized. Así nacieron las Guerrilla Girls.
La vanidad es también mi pecado favorito. Las GG resultó ser, irónicamente, la única obra de arte relevante que sus responsables habían producido jamás. Por eso, una vez asentadas como colectivo radical, se establecieron como Guerrilla Girls, Inc. en 1999. Un año más tarde el grupo había crecido tanto que sufrió su primera escisión: las performers montaron Guerrilla Girls on Tour y el comando online se estableció como las GuerrillaGirlsBroadBand, siguiendo caminos separados. En octubre de 2003, Guerrilla Girls, Inc. llevó a las Guerrilla Girls on Tour y a las GuerrillaGirlsBroadBand a juicio por infracción de copyright. Faltando a su compromiso con el proyecto, las litigantes, “Frida Kahlo” y “Käthe Kollwitz” revelaron públicamente su identidad: Jerilea Zempel y Erika Rothenberg.
Como pasa a menudo en estos casos, es difícil saber realmente lo que ha pasado, pero se intuye. De los argumentos y declaraciones ofrecidos por ambas partes se desprende que, si bien las GG empezaron su campaña sin más propósito que protestar por la política sexista del circuito artístico y pasar un buen rato, cuando la pequeña campaña empezó a reportar beneficios las chicas establecieron diferentes modelos de proyección, con diferentes grados de éxito. Hoy Guerrilla Girls, Inc. exige que los la compañía de teatro y la puntocom dejen de usar el nombre de Guerrilla Girls y reclaman millones de dólares en concepto de daños y perjuicios. Zempel y Rothenberg aseguran que el comando fue ideado y liderado por ellas y reclaman derechos sobre cualquier beneficio que sus actividades hayan generado, incluyendo aquellas en las que no han tomado parte.
La historia de las GG es triste y relevante. En los últimos años me he cansado de ver cómo proyectos entusiastas, carismáticos y necesarios se van literalmente al carajo por la vanidad de alguno de sus miembros y su incapacidad para soportar la idea de que otro les haga sombra. Muchos parecen agarrarse a su nicho como Gollum a su tesoro, temerosos y agresivos, arremetiendo contra cualquiera que proponga alternativas, demostrando muy poco respeto por los valores que pretenden defender. Y pierden todos, el proyecto, el público y ellos. No sé si ésta es la clase de cosa que le pasa a todos los grupos cuando pasa cierto tiempo -se lamentaba “Chansonetta Stanley Emmons”, una GG original que no toma parte en el juicio. Lo único que sé es que todo el mundo está muy enfadado, y triste."
Las Guerrilla Girls atraviesan malos momentos. Lejos quedan las intenciones, las ilusiones y el entusiasmo del proyecto inicial en el que las esperanzas y los anhelos de muchas de nosotras se vieron reflejados y representados. Se trataba de un ingenioso proyecto en el que sus militantes defendían lejos de toda presuntuosidad o histerismo la participación de la mujer en el ámbito artístico y cultural de la forma en que mejor se nos da: a través de charlas, reuniones, seminarios, conferencias, perspicaces campañas, exhibiciones de arte y obras de teatro. Todo ello en un marco de actuación distendido, conciliador y muy sociable, en el que lo que se prentendía no era el escándalo, la polémica o la irritación de la conciencia de las masas femeninas, sino que el objetivo primordial era hacer que todas y cada una de las mujeres de cualquier parte del mundo fueran conscientes de sus capacidades y virtudes tanto en el ámbito cultural como en la vida social en general. Se trataba de disfrutar con lo que hacían y transmitir ese gozo a las demás: era la fiesta de las mujeres para las mujeres, era una nueva forma de feminismo sin llegar a ser feminismo. Desafortunadamente, los intereses personales, económicos y lucrativos constituyen un obstáculo complicado de sortear y una tentación demasiado difícil de evitar, y han acabado por dinamitar los magníficos valores que defendía esta agrupación y empujar a algunas de sus miembros a traicionarse a si mismas y al resto de sus compañeras. Ahora el futuro de las Guerrilla Girls es incierto. Realmente, como dice Chansonetta Stanley Emmons, es para estar triste.

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