Un ídolo llamado Tim Burton

Este fin de semana Tim Burton ha estado en Sitges, pero para cuando he querido comprar mi entrada para poder asistir a la Clase Magna que dio ya era demasiado tarde. Tampoco pude estar en el festival. Es lo que tiene perder los contactos. Así se esfuma mi oportunidad de ver en persona y en directo a mi mayor héroe de la infancia y a uno de mis ídolos más admirados. Espero tener esa suerte algún día. Por ahora me conformo con contar los días para el estreno de La Novia Cadáver. Y también con recuerdos de la infacia de haber llorado por primera vez al compartir la tristeza de unas manos que no sienten, de haber aprendido el origen de la nieve, la escarcha y los sentimientos, de haber creido en historias de amor más que imposibles y en figuras de hielo. Hoy comparto con Eduardo la palidez del rostro, un triste semblante, unas manos frías, muy frías y un cuerpo vacío. Es más que evidente que cuando se trata de Burton ser objetiva me resulta imposible.

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