Regresar

Quien ha de caminar, al cielo no ha de mirar.
Sobretodo cuando el camino es largo y pesado.
Y sabes que no puedes dar marcha atrás,
que el tiempo te arrastra,
que es duro volver la cabeza,
girarte para contemplar un instante más,
por última vez,
los rostros de aquellos a quien tanto quieres,
y que tanto te quieren.
Aquello que me impide volver
viene siendo lo mismo que produce en mí
este sentimiento de nostalgia y melancolía
por todo lo que dejo atrás.
En la imagen, ella, porque todo es poco para describir el mito,
porque a pesar de haber sido el ser más desdichado nunca existido,
a pesar de la pena y la mala fortuna,
se enfrentó a la vida en toda su miseria y su dolor,
en toda su tristeza y su devastación,
con una sonrisa clara, limpia y plácida,
la misma sonrisa eterna que la dignificará para siempre,
la misma sonrisa inmortal que siempre permanecerá
en lo profundo de nuestra pupila,
en las entrañas de nuestros corazones.
Porque la carne se pudre,
pero la imagen de la belleza
deja una huella
que queda guardada por siempre
en la retina de nuestros ojos.
¿Cómo poder entender que alguien que se sentía tan triste y miserable
tuviera la capacidad de sonreir de esa forma?
No cabe otra explicación más que la del instinto primitivo que sentimos algunos de burlarse de la vida como último recurso de defensa ante la misma.
No hace unos minutos de mi regreso y ya siento que me encuentro más perdida que nunca.
Y sólo puedo escuchar un estribillo que da vueltas una y otra vez por mi mente.
"Todo entonces se tambalea, ante mis sentidos yo
sigo por el mundo con una sonrisa,
de ensueño,
de ensueño..."

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