¡Amunt Colometa!
Esta mañana me he levantado con una extraña sensación de que mi espíritu, mi alma lucha por salir de mi cuerpo, lucha por escapar de esta cárcel carnal que le oprime, por liberarse de las ataduras de mi interior e ir al encuentro de otros espíritus. Y yo soy consciente en todo momento de esta lucha interna que tiene lugar muy dentro de mí, la siento rebullir, la noto agitarse. Antes de salir de casa, he abierto la ventana del salón y una suave corriente de aire me ha acariciado la cara, y entonces he mirado al cielo, y me han entrado unas enormes ganas de salir corriendo, de correr y correr, de subir corriendo las escaleras del edificio y llegar hasta la azotea, y sentir el viento en mi rostro, y gritar, gritar fuerte, gritar muy muy fuerte, y precipitarme al vacío, y caer, caer rápidamente, caer lentamente, más y más lentamente, sentir el vértigo al caer, y a dos palmos del suelo remontar el vuelo, y volar, volar cada vez más y más alto, y llegar al cielo, y tocar las nubes, y envolverme en ellas, y entonces desvanecerme, evaporarme y desaparecer mezclándome con la brisa para convertirme más tarde en suave rocío de la mañana que vertido levemente impregne al mundo entero, y descansar así sobre todos aquellos que tanto me han mimado.

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