Punk Rock City

Estira tu corazón hasta alcanzarme, espero un rayo de sol para esta tarde.Y cuando salga el sol y entre por mi ventana, escurriré mi corazón con ambas manos...Soy la hermana pequeña de tu corazón, mañana vendrás a tomar el sol en Punk Rock City, y cuando salga el sol y entre por mi ventana, me comprarás un bañador en Punk Rock City.

22.11.05

Días salvajes






Encantada de tener los cines Mèlies a menos de 10 minutos andando de casa. Más encantada todavía de que estrenen un ciclo de reposición con la primera etapa de la filmografía de Wong Kar-Wai. Ayer fuimos a ver Days of Being Wild. Adoro a ese hombre, adoro su forma de tratar las películas y de representar la realidad, adoro los escenarios de las mismas, adoro el vestuario y los pequeños detalles que incluye en ellas pero por encima de todo adoro a Maggie Cheung.

Este fue el sueño:

En el Dux van a pasar un doble de Wong Kar-wai: Fallen angels seguido de Days of being wild. El tráfico me impide llegar a la proyección. Siempre es un problema de tráfico. Cuando llego, la primera película termina y los pocos asistentes salen de la sala, indignados. No quieren ver la otra película. Eso tan fragmentado, dicen. Tan lento, dicen. Demasiado azul. Sé que la copia que pasaron es la del Colombo y entonces tampoco pudieron entender los subtítulos en inglés que se desvanecen blancos en el fondo.

Detengo a alguien, a alguien conocido, a Mauro, creo, y le digo que es pura soledad. No es suficiente, dice Mauro. Y entonces me avergüenzo por no tener un argumento más convincente. Mauro me habla de la imperfección, que la secuencia de imagen no es un lenguaje, que si Godard y que si Antonioni. Sé que no tengo nada que decir y sin embargo balbuceo, como siempre, que no es lo mismo, que Antonioni se confunde en complejos problemas metafísicos, nada que ver con el ritmo actual, éste que vivimos, la incomunicación vía fax y el tráfico salvaje. Mauro me pregunta si he visto Antonioni y tengo que admitir que no, que me aburre, que Godard me gusta, por supuesto, pero sigue siendo demasiado francés, en el peor sentido. Demasiadas palabras, explico. Mauro no entiende y me deja ahí, parado, solo.

Detengo a alguien más, a Miriam, creo, y le digo que es pura soledad. Miriam me reprocha que el cine es más que pirotecnia visual, que el video casero, que la incoherencia, demasiado azul, dice. Sé que no tengo nada que decir, que no es necesario decir nada, y sin embargo digo, otra vez, que es pura soledad.

Corte.

Estoy en mi cuarto, frente al ordenador, enviando e-mails a todas las personas que estuvieron en el Dux.

Este es el mail:

Hong Kong es una ciudad brutal. Es vertiginosa. E inconstante. Todas las ciudades. / Siempre es un problema de tráfico. / Y todos los asesinos están tan solos. Y filmados a diez cuadros por segundo están más solos que nunca. Y los policías. Y las chicas tras el mostrador. Y nadie tiene tiempo, ni un minuto. / Y una relación dura lo que dura abrir tu Coca-Cola por la mañana. / Por la velocidad. Y el desencuentro. Y el metro que nos deja. Y tanto que hacer. O tan poco. / ¿Y cómo el retrato de ese ritmo no va a poder ser fragmentado, pero lento, tan azul, imperfecto?

Corte.

Y estoy en mi cuarto frente al ordenador intentado escribir una reseña para Days of being wild. Intentando decir que esa, la segunda película de Wong Kar-wai, es un melodrama simple y hasta convencional, pero que visto con el tiempo, desde ahora, tantos años, resulta ser un boceto de ese ritmo, vertiginoso, pero lento, que él ha logrado registrar en sus películas posteriores. Un tímido borrador ambientado en los 60's.

Corte y estoy frente al ordenador intentando desarrollar una idea, un poco confusa, de cómo para Godard la fragmentación es apenas un problema formal. Que en Wong Kar-wai se transforma en una preocupación extrema: capturar el instante tal cual lo vemos. A través de una ventanilla del metro, por ejemplo. Pero me doy cuenta, un poco tarde, que para ambos es lo mismo: un asunto de mirada, simple: un asunto estético.

Entonces borro.

Y corte.

Y estoy frente al ordenador intentando desarrollar una idea, un poco confusa, pero más lúcida, de cómo para Antonioni la imposibilidad de comunicación es apenas un problema metafísico, vano. Que en Wong Kar-wai se transforma en una preocupación vital: estar en el mundo, aquí, hoy, donde es necesario asumir la soledad como algo propio, inherente. Como asumir un brazo, por ejemplo.

Y estoy frente al ordenador. Y el teléfono suena. Y el contestador responde. Es Paula que dice que en Sight and Sound, la revista inglesa, hay una entrevista a Wong Kar-wai que aclara precisamente eso que pienso. No es necesario citar nombres. La distancia está en sus propias películas:

"En Days of being wild, como en Ashes of time, los personajes no están felices con su soledad. / Chungking express tiene más que ver con la forma como la gente siente actualmente. Los personajes de Chungking express saben cómo entretenerse a sí mismos. Así sea hablándole a una barra de jabón. Ellos saben como vivir en una ciudad."

Esto es lo que dice Wong Kar-wai.
Corte final.
Desisto.
Ya no intento decir nada. Yo no podría ser más claro.


(Por Jorge Serna)