Sevilla tiene un color especial...
Hoy ha sido uno de esos días que hacen que valga la pena vivir la vida. Creo ahora más que nunca, que en algún lugar del universo existe “algo”, algún ente, que me protege, y que de vez en cuando me da la fuerza necesaria para poder continuar, para ver la vida con otros ojos. La verdad es que la semana pasada fue una semana horrible en la que la tristeza, la melancolía, la resignación, el abatimiento, la depresión, los bajones, la soledad y las pesadillas se apoderaron de mí. Una semana de apatía, como decía la canción de la buena vida: “desierto tan triste, me siento breve matorral, antipático zarzal…”. En casa todo era decrepitud, en la calle todo eran malas vibraciones, fobia social… Empezaba a echar de menos esa fuerza, esa valentía y esas ganas de vivir con las que despedí el pasado año y comenzaba a pensar que el 2005 sólo me iba a traer disgustos. Pero en el fondo de todo pensaba: “Elena, estás jodida, es verdad, pero no desesperes, no lo hagas, y espera tu momento”. Et voilà! Esta mañana al salir de casa he sentido como un rayito del sol iluminaba mi rostro, como ese sol hacia llegar su calor hasta mí, y he sentido que esa fuerza volvía a mi, esa confianza, ese valor, esa ilusión, esa alegría, e inevitablemente una viva sonrisa ha brotado de mi, y esta vez para quedarse por mucho tiempo. Ha sido entonces cuando me he dado cuenta que hoy ha sido un día para nosotros los abatidos, los derrotados, los resignados, los melancólicos, los desilusionados, los tristones. Lo he notado en mí, lo he notado en el brillo de los ojos y el rostro radiante de mi vecina Manoli (que ni hace a penas dos días se negaba a luchar contra su cáncer, a salir de su casa, a coger el teléfono, a recibir visitas), lo he notado en el desparpajo y la alegría del vagabundo que suele frecuentar nuestra calle, y tengo la corazonada de que muchas otras personas desdichadas se han sentido así tal día como hoy. Pues para empezar, a partir de hoy me he prometido a mi misma aprovechar el tiempo al máximo, y he decidido cumplir todas esas ilusiones mías, porque no sé cuanto durará el optimismo, y para pocas que son, pues mejor centrarse en ellas, centrarme en mi, y empezar a hacer todo aquello que siempre he querido y con lo que siempre he soñado: hacer viajes a sitios que me encantan, retomar antiguas y apreciadas aficiones, buscar cosas que siempre he querido tener… Y que mejor comienzo que hacer algo que llevaba ya mucho tiempo deseando… Pues si! Esta mañana me he plantado en los Encantes a hacerle una visita a la Emilia, una gitana bravísima y maravillosa, la mejor de todas, que tiene un puesto de trajes de sevillanas y flamencas en el rastro. Así que le he dicho: Emilia! Ale, que vengo llevarme el traje más bonito y más pomposo de todo el puesto! Y como es un encanto y si la sabes camelar puedes hacer un negocio, pues me ha sacado un traje más precioso y más cuco que ni sé recién llegadito de Córdoba, prácticamente nuevo, y encima toda una ganga, porque le he llorado un poquico… Y me ha dicho, venga, dame lo que quieras, que este traje es para lucirlo y no quiero que se quede aquí… Pues eso, que le he tenido que prometer que le llevaré una foto y todo para que me lo vea puesto. Y como una cosa lleva a la otra, pues he pensado, un traje así se merece ir a la Feria de Abril. Así que en cuanto salgan los vuelos de marzo en vueling.com ya estoy reservando mi billete para Sevilla,y que se prepare el Real de la Feria y el barrio de Triana, porque allá que va Elena, a recibir la primavera delante de la Giralda y a acabar con todas las reservas de manzanilla de la ciudad. Olé!
(Y esto es solo el primer capítulo...que el Rocío también se está barajando...)

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