Consecuencias de un mal uso del fuego
Hoy me he llevado el susto más grande de mi vida. Gracias a mi habitual despiste y a mi inutilidad Pau y yo casi nos quedamos sin casa. Resulta que he tenido un pequeño percance con el fuego. Y ya van dos. Pero esta vez ha podido tener consecuencias mucho más trágicas. Resulta que esta mañana he puesto a calentar un poco de cera para hacerme el “bigotillo” y sin querer la he dejado al máximo (algo que no se debe hacer porque la cera se calienta enseguida y es bastante inflamable). No contenta con eso, mientras se calentaba pues me he puesto a hacer otras cosas olvidándome por completo de la cera. Y justo cuando me iba a meter en la ducha me he percatado de un ligero olor a chamuscado y un extraño sonido, así que me he asomado a la cocina y cual ha sido mi sorpresa cuando he visto la enorme llama que había. Por un momento me he quedado impertérrita, inmóvil, extrañamente imbuida por el fuego, sin saber muy bien que hacer no fuera que resultara ser peor. Luego he empezado a sentir miedo: estaba sola, la llama cada vez se hacía más grande y encima estaba ya a punto de alcanzar la goma del gas. Entonces me he dado cuenta de que o hacía algo rápidamente o en cuestión de segundos podría volar por los aires y conmigo toda la cocina. Así que he reaccionado de forma súbita, he cogido un cacharro con agua y la he lanzado desesperadamente al fuego. Afortunadamente, en cuestión de un par de minutos el fuego ha desaparecido, dejando tras de sí un espectáculo dantesco. Toda la cocina ennegrecida, virutas de ceniza y restos de cera incrustados por todas partes y un humo apestante. Vamos, que Vietnam se queda lejos al lado de cómo se me ha quedado la cocina. En fin, que me he pasado toda la mañana espátula en mano y uniforme de faena para que la cocina volviera a tener su aspecto anterior o por lo menos se pareciese en algo a lo que había antes, y evitar así que a Pau le diera un jamacuco al llegar a casa. Que le voy a hacer, dice el refrán que quien no tiene cabeza, tiene que tener manos y piernas, y eso es lo que me pasa a mí. Desde luego, que la experiencia de hoy no se la recomiendo a nadie.

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